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  El Caudillo del Amor
 
EN CONFERENCIA DE PRENSA EL MEXICANO ESTÁ MUY PENDIENTE DE CADA MOVIMIENTO DE MÁRKETING EN SU CARRERA.

Hay dos crucifijos: uno en la base que sostiene al micrófono y otro, enorme, colgando del cuello de Marco Antonio Solís. El porta melena y barba a lo Jesucristo y habla de perdonar, de amar, de despedir todo lo que daña el corazón. Esta noche, en el Orfeo de Córdoba, estamos asistiendo a un recital con algo de misa, a cargo de un cantante con aura de predicador. Un pastor del amor, digno de incorporarse al grupo Los Amados. La feligresía está compuesta por unas ocho mil mujeres de 50 años para arriba que le regalan rosas rojas, rosarios, algún osito de peluche.

Señoras que escuchan embelesadas tanto los conceptos amorosos como las baladas, las rancheras y las cumbias de Marco Antonio, y que le festejan sus humoradas temáticas, como “Las mujeres son feministas: dicen que preferimos nuestros automóviles a ellas, porque es lo único que podemos manejar”, o “El 99,9 por ciento de las mujeres dice que todos los hombres somos unos mentirosos, ¿no es cierto, chicas? Pero los hombres no diríamos tantas mentiras si las mujeres no hicieran tantas preguntas”.



Entrevistado, Solís se presenta así: “Soy un cantautor mexicano con una trayectoria de más de 30 años. Un mediador, a través de la música, en las relaciones de pareja o cualquier tipo de relación. Alguien que le escribe al amor y al intento de vivir mejor, feliz, en armonía, en paz. Me considero un intérprete de los sentimientos de las parejas, como un Cupido que comunica al hombre y la mujer. Tuve un grupo, Los Bukis, con el que pasé 20 años de carrera y 17 álbumes, y llevo 13 años de solista. Soy alguien que trae música y un mensaje de amor”. Cuenta que vendió su primera canción a los 13 o 14 años: “Siempre he sido romántico; mi sensibilidad se ha inclinado por ahí. Escuchaba a Agustín Lara, Raphael, Sandro, boleros, la música de tríos, Javier Solís. Todo eso me llamó la atención a muy temprana edad, mientras mis compañeros se enfocaban a otro tipo de música. Empecé a grabar las frases y a analizar el peso de las melodías. Eso me conquistó”..


Vino por primera vez a la Argentina en los años ‘80, pero sin demasiada repercusión. Siguió insistiendo una y otra vez hasta conseguir que esta gira, En total plenitud , dure más de un mes y abarque diez ciudades, incluyendo siete Luna Park en Buenos Aires. Solís tiene claro el negocio: en la conferencia de prensa de presentación de la gira, habla de abrir mercados, de su ambición de llegar a Brasil y a España y de “ser más sólido” en los países a los que ya conquistó. “Aquí -recuerda- vinimos varias veces y pasamos inadvertidos: nos prestaban atención tres o cuatro medios. Yo me iba decepcionado, sin saber que cada cosita, hasta una nota de cinco minutos, tiene repercusión. Fue sembrar, y eso cuenta”. Y le agradece a Juan Alberto Mateyko, conductor del evento, por la difusión que le da desde hace años en sus programas.

Una de las claves de su popularidad es el hit Si no te hubieras ido , ése del estribillo No hay nada más difícil que vivir sin ti , que dio la vuelta a América gracias a la película Y tu mamá también , donde se ve a la grandiosa Maribel Verdú bailándola apretadita en sándwich entre Gael García Bernal y Diego Luna. Hace dos años, Diego Maradona la cantó a dúo con Solís en el Luna Park (“ojalá ahora lo pueda volver a ver, me dejó una impresión muy bonita”) y hasta es material argumental de la modernidad teatral porteña: en El tiempo todo entero -la versión libre de Romina Paula sobre El zoo de cristal de Tennesse Williams-, un personaje explica el mito que rodea a la canción. A saber: que Solís la compuso en la cárcel pensando en la mujer a la que había asesinado. Quizá todo el cuento surgió a raíz de que la cantante Beatriz Adriana, su ex esposa, lo denunció por malos tratos y por no mantener a la hija que tuvieron juntos. El dice: “La escribí en el ‘83 para una cantante, Marisela, y fue un éxito. En el ‘99 la grabé yo: éxito. La grabó Maná: éxito. Como todas las buenas canciones, tiene buena música, buena letra y algo más que no sé qué es”.


Siempre es bueno que haya alguna leyenda urbana alrededor de un cantante, sobre todo si es romántico y la actualidad lo encuentra con 50 años, padre de dos hijos preadolescentes y comprometido desde hace 17 años en un matrimonio, aparentemente, a prueba de fans. “Eso -dice- se maneja con mucha disciplina y respeto a la vez. No puedo alejarme del público que quiere abrazarme, pero la familia es un gran motor, un gran apoyo para sostener la solidez de la carrera. Me ha ayudado para no divagar tanto”. La imagen pública es diferente: en el video de Tú me vuelves loco -filmado en un largo plano secuencia, sin cortes-, Marco Antonio aparece con un traje blanco, caminando y bailoteando alrededor de una pileta, rodeado de supuestas candidatas a Miss Universo. Es altamente recomendable verlo: la única contraindicación es que después la melodía queda alojada para siempre en el cerebro.

Solís pisa fuerte en la industria discográfica latina: en México, por supuesto, es una institución, pero su influencia llega hasta Estados Unidos, donde acaban de darle su propia estrella en el paseo de la fama de Hollywood. Tuvo sus correspondientes homenajes en los Grammy latinos (2007) y en los premios Billboard latinos (2010), y la discográfica que lo edita, Universal, está tan entusiasmada que intenta cambiarle el apodo El Buki -”niño” en el norte de México-, que remite al grupo que integró, para venderlo como El Poeta del Siglo. “Es un mote bastante grande, un invento. Es un juego de mercadotecnia que agradezco, pero no me considero tal”, aclara él. Como referentes nombra a José Alfredo Jiménez, Armando Manzanero, Juan Gabriel, Joan Sebastián, Alvaro Carrillo. ¿Argentinos? Leo Dan, Palito Ortega, Diego Torres, Leonardo Favio. No se mosquea por que lo llamen cursi: “Cuando uno está enamorado cae en la cursilería; las parejas se dicen palabras cursis, pero son palabras auténticas. Si uno está enamorado no es cursi. Ojalá todos fuéramos más cursis: querría decir que estamos pensando menos y sintiendo más. Porque para hacer una canción no hay que pensarla, sino sentirla. Escribir como sale, sin ponerse a pensar en prejuicios o en qué dirán si pongo esto. En una relación es lo mismo: las palabras que le decimos a la novia son una forma de conexión auténtica”.

Volvamos al Orfeo. A lo largo de las dos horas de show -que empieza con un minuto de silencio en homenaje “al alma de Néstor Kirchner”-, Solís sólo canta una de sus nuevas canciones; el resto es un repaso de sus clásicos ( Si no te hubieras ido queda para el final, por supuesto). No escatima gastos: lo acompaña una orquesta de doce cuerdas, dos baterías, dos teclados, cuatro vientos, bajo, guitarra, director -con batuta y todo- y tres coristas que, más que cantar, acompañan las canciones moviendo los brazos en cámara lenta. Solís no se olvida de los sacrificados que acompañaron a las patronas al recital y de vez en cuando hace intervenir a cuatro bailarinas masticables. Pero la verdad es que hay muy pocos hombres en el estadio: están casi todos afuera. Comieron algo en el shopping vecino y ahora esperan a sus mujeres mientras hablan de fútbol y practican humor cordobés.

CLARIN, DIARIO ARGENTINA
http://www.clarin.com/espectaculos/musica/Ojala-cursis_0_364763671.html
 
 
   
 
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